Trump vs. Ford: tensión por sus alianzas con firmas chinas
Ford defiende sus acuerdos con Geely y CATL ante la presión de Washington por la tecnología china
Trump vs. Ford: tensión por sus alianzas con firmas chinas. Crédito: Imagen generada por Gemini | Cortesía
La estrategia global de Ford ha quedado en el centro de un nuevo choque político en Estados Unidos. La Administración de Donald Trump cuestionó los vínculos del fabricante con compañías chinas, mientras la marca del óvalo azul defendió sus decisiones industriales y rechazó que representen un riesgo para la seguridad económica del país.
El foco de la discusión está puesto en proyectos que involucran a Geely, CATL y conversaciones con BYD, en un momento en que la industria automotriz redefine sus cadenas de suministro, acelera la electrificación y enfrenta la presión competitiva de los fabricantes asiáticos.
Ford responde a las críticas de Washington
El secretario de Transporte de Estados Unidos, Sean Duffy, expresó preocupación por lo que considera una creciente dependencia de Ford respecto a tecnología y socios chinos. Desde su perspectiva, esos acuerdos podrían fortalecer la presencia de un competidor estratégico en mercados occidentales y reducir la autonomía industrial estadounidense.

Ford no tardó en responder. La compañía calificó los señalamientos como imprecisos y defendió su peso dentro de la economía nacional. El fabricante sostuvo que mantiene una posición relevante en producción, exportaciones y empleo industrial en Estados Unidos, además de rechazar que haya impulsado mecanismos para facilitar nuevas empresas conjuntas chinas dentro del país.
La disputa refleja un dilema cada vez más común en el sector: las marcas necesitan acceder a baterías, plataformas y conocimiento técnico para competir en vehículos eléctricos, pero al mismo tiempo deben lidiar con el endurecimiento político y comercial entre Washington y Pekín.
Geely y Ford en Almussafes
Uno de los principales puntos de fricción es el acuerdo entre Ford y Geely para operar la planta de Almussafes, en Valencia, España. La fábrica es una pieza importante dentro de la estructura europea de Ford y el pacto busca garantizar su continuidad en un escenario de fuerte competencia y transformación tecnológica.
La alianza contempla una sociedad en la que Ford conservará el 66% y Geely tendrá el 34%. Para obtener esa participación, el grupo chino desembolsó 221 millones de euros, una inversión que permitirá reactivar la capacidad industrial de la instalación valenciana.
El plan incluye la fabricación de cinco nuevos modelos a partir de 2028. Además, se prevé un incremento de la plantilla actual, que ronda los 4,100 trabajadores, una variable especialmente relevante para una factoría que busca consolidar su futuro productivo.
Almussafes puede producir cerca de 500,000 vehículos al año si opera a plena capacidad. Para Ford, incorporar a Geely ayudaría a elevar el uso de las líneas de montaje, compartir costos y ganar eficiencia en Europa, una región donde las marcas tradicionales enfrentan la expansión de fabricantes chinos y la inversión requerida por la transición hacia los autos eléctricos.
Baterías CATL y contacto con BYD
La carta de Duffy también puso atención en el proyecto de baterías de Ford en Michigan, que utiliza tecnología de CATL, una de las mayores empresas chinas del mundo en este segmento. Ford aclaró que no se trata de una fábrica controlada por un socio extranjero.

Según la compañía, la planta será propiedad total de Ford y el acuerdo con CATL se limita a una licencia tecnológica y a servicios relacionados. El proyecto contempla la creación de aproximadamente 1,700 empleos en Estados Unidos, por lo que Ford insiste en que su impacto será local tanto en propiedad como en trabajo industrial.
La empresa también fue cuestionada por sus conversaciones con BYD, otro gigante chino de la movilidad eléctrica. Sin embargo, Ford negó que esos contactos impliquen un plan para abrir la puerta a nuevas sociedades chinas en territorio estadounidense.
Un pulso por la industria eléctrica
El desacuerdo expone la complejidad del negocio automotriz actual. China domina buena parte de la producción mundial de baterías, minerales procesados y componentes clave para vehículos electrificados, por lo que las marcas occidentales deben elegir entre desarrollar capacidades propias a largo plazo o recurrir a tecnología ya madura.
Ford defiende que sus alianzas son herramientas para preservar empleos, reducir costos y mantener competitividad. Para la Administración Trump, el desafío consiste en evitar que esa búsqueda de eficiencia aumente la dependencia de proveedores chinos en áreas consideradas estratégicas.
El debate tendrá consecuencias más allá de Ford. A medida que la electrificación avance, otras automotrices podrían enfrentar cuestionamientos similares si recurren a tecnología, capital o cadenas de suministro vinculadas con China.
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