El pequeño EV de $18,000 que desafía a los autos tradicionales
Con velocidad máxima de 20 mph y un sistema de conducción remota llamado ChipGo, esta startup apuesta por resolver trayectos cortos
El pequeño EV de $18,000 que desafía a los autos tradicionales. Crédito: Chip | Cortesía
Un vehículo eléctrico de seis plazas, con rostro sonriente, velocidad máxima de 20 mph y capacidad para estacionarse sin que su propietario esté al volante podría parecer una idea salida de una película futurista. Sin embargo, Chip ya existe y busca convertirse en una alternativa práctica para los trayectos cortos en Estados Unidos.
La startup presentó este vehículo como un LSV, siglas de Low-Speed Vehicle. No pretende reemplazar a una pickup ni competir con un Tesla. Su objetivo es mucho más específico: ofrecer un medio de transporte sencillo para comunidades cerradas, zonas costeras, complejos residenciales y desplazamientos urbanos donde no se necesita alcanzar velocidades de autopista.
Un eléctrico pequeño para recorridos diarios
Chip se suma a un mercado en el que ya existen vehículos eléctricos de cuatro y seis plazas con precios aproximados de entre $12,000 y $20,000. Muchos están diseñados para circular en playas, campos de golf o comunidades privadas, pero la propuesta de esta startup intenta añadir una dosis de tecnología y autonomía a una fórmula conocida.

El precio anunciado ronda los $18,000, una cifra que lo coloca muy por debajo de la mayoría de los autos eléctricos convencionales. A cambio, el comprador debe aceptar una velocidad máxima de apenas 20 mph y un equipamiento pensado para recorridos locales. No hay que verlo como un auto tradicional, sino como una alternativa eléctrica entre el carrito de golf y el microvehículo urbano.
Durante una prueba realizada por MotorTrend, el prototipo mostró una respuesta inmediata del acelerador, característica de los motores eléctricos. Sus asientos planos resultaron más grandes y cómodos que los habituales en un carrito de golf, mientras que los cinturones de tres puntos aportaron una sensación adicional de seguridad. La ausencia de puertas y el parabrisas amplio favorecieron la visibilidad, aunque también dejaron claro que se trata de un vehículo abierto y recreativo.
ChipGo: conducción remota antes de la autonomía total
La característica más llamativa no es su diseño simpático, sino ChipGo, un servicio de conducción remota que la empresa planea lanzar inicialmente en Miami. La idea es que un operador humano pueda tomar el control del vehículo a distancia, conducirlo hasta un estacionamiento y devolverlo cuando el usuario lo necesite.

El sistema no equivale todavía a una conducción autónoma. Durante las demostraciones, un operador llamado Emmanuel controló el prototipo mediante un mando similar al de una consola de videojuegos. Una cámara y un micrófono instalados en el vehículo permitieron que hablara con las personas que se encontraban cerca.
Este planteamiento resolvería uno de los problemas habituales de los vehículos pequeños para trayectos urbanos: qué hacer con ellos cuando el usuario llega a su destino. En lugar de buscar estacionamiento, el propietario podría solicitar que Chip se retire y luego pedirlo de regreso. La compañía imagina un futuro en el que los vehículos pasen más tiempo circulando o esperando en zonas estratégicas que ocupando espacios de estacionamiento.
Una cara diseñada para comunicarse
La apariencia de Chip puede parecer infantil, pero su rostro tiene una función concreta. La empresa cree que una expresión visible y una capacidad básica para comunicarse podrían hacer que peatones y conductores se sientan más cómodos al compartir la calle con un vehículo operado a distancia.

El prototipo utiliza una sonrisa pixelada y torcida que puede mostrar una personalidad propia. Por ahora, las expresiones y la voz dependen del operador remoto, pero la idea podría evolucionar si la conducción autónoma se incorpora más adelante.
El concepto coincide con los esfuerzos de la industria por crear señales que indiquen cuándo un vehículo funciona sin un conductor humano. La SAE ha recomendado luces azul-verdosas para señalar los modos automatizados. Chip apuesta por añadir una comunicación más intuitiva: no solo una luz técnica, sino una “cara” que transmita intenciones.
¿Tiene futuro este vehículo eléctrico?
Chip todavía es un prototipo construido a mano y enfrenta desafíos importantes. La empresa tendrá que demostrar que puede fabricar el vehículo con calidad, operar de forma segura su red de conducción remota y cumplir las regulaciones locales. También deberá convencer a los compradores de que un vehículo limitado a 20 mph puede resolver una necesidad real.
Aun así, su propuesta resulta interesante porque no intenta electrificar el automóvil tradicional. Chip parte de otra pregunta: ¿qué vehículo necesita una persona para recorrer pocos kilómetros, estacionar con facilidad y moverse dentro de una comunidad? Si la respuesta no requiere 300 millas de autonomía ni 400 caballos de fuerza, este pequeño EV podría haber encontrado un espacio propio.
Te puede interesar: